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La fábrica de sueños de Hans-Peter Porsche

martes 08 agosto 2017

La fábrica de sueños de Hans-Peter Porsche
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Hans-Peter Porsche, nieto del fundador de la empresa de autos deportivos de Stuttgart, colecciona hojalata vieja: maquetas de ferrocarriles y juguetes de más de 150 años. Para albergar sus fascinantes joyas creó el TraumWerk (fábrica de sueños), un museo abierto al público en el sureste de Alemania.

El TraumWerk de Hans-Peter Porsche es una exposición permanente de juguetes de hojalata abarca 2,500 metros cuadrados y los modelos ferroviarios 550 metros cuadrados. Hans-Peter Porsche muestra aquí una pasión reunida durante más de 40 años, pero almacenada en cajas durante décadas. Hace poco, el hijo de Ferry Porsche construyó un museo para su colección en la región alpina Berchtes-gadener Land, al sureste de Alemania.

Porsche encargó al arquitecto berlinés Volker Staab la construcción de un edificio para la exposición. Su recorrido tiene la forma de un ocho, el clásico formato de una pequeña maqueta de ferrocarril o circuito de carreras. La primera parte del recorrido consiste en la exposición permanente de juguetes de hojalata: 150 vitrinas con innumerables estaciones, automóviles, aviones, barcos, comercios, trenes, y mucho más. La segunda parte: el universo de las maquetas ferroviarias.

El recorrido a través de la exposición pasa ante submarinos, barcos, máquinas de vapor y automóviles. Piezas de todas las épocas y de selectos fabricantes de juguetes de todo el mundo. La más antigua es una locomotora de 1865. Algunas piezas, como un barril de hojalata del tamaño de un dedal, están valoradas en 50 euros; otras, como un barco de las dimensiones de una caja de mudanzas, tienen el mismo valor que una casa unifamiliar.

Y, finalmente, una gran estantería con automóviles de pedal y eléctricos para niños. Un Porsche 550 Spyder plateado. Pero, ¿y esos rasguños? “Sí, lo tenía yo en casa. Mis nietos aprendieron a conducir con él. Está un poco rayado. Pero no importa. Al fin y al cabo todos comenzamos así”.

Por supuesto, en el universo creado por Hans-Peter Porsche también encuentran lo que buscan los amantes de los automóviles. En el TraumWerk hay exhibida una selección exclusiva de su colección personal de automóviles: un Porsche 904; un Porsche 356 que participó tres veces en el rally Lieja–Roma–Lieja; a su lado el delicado Porsche 959, “hay que sacarlo cada mes, no le sienta bien estar parado mucho tiempo”; un Austro-Daimler, “un regalo de mi hijo”; el XL1 de un litro de Volkswagen; un Porsche 914 Targa; un Porsche 944; un Porsche 928 y un Porsche 912 azul claro, “una pieza muy especial. Un regalo para mi madre en la Navidad de 1966. Los últimos 20 años ha sido propiedad de una dama italiana, a la que no se lo he podido recomprar hasta ahora. Está en el estado original de 1966”. Cada pieza de la exposición tiene su propia historia. La vitrina más personal está situada al final del recorrido del primer piso. En ella hay exhibido un Mercedes de juguete pintado por Hans-Peter Porsche cuando era niño, un bólido, un osito de peluche y la primera corbata con osos. “Una amiga de Stuttgart me la regaló hace muchos años. En la actualidad poseo más de 600 corbatas con osos. Siempre he sido un coleccionista: empecé con posavasos, después cajas de cerillas, y más tarde palillos mezcladores de cócteles”. La rampa desciende de vuelta al vestíbulo. Porsche parece ponerse un poco nervioso. ¿Le está esperando alguien? ¿Un compromiso para comer?

“¡Deprisa, vengan, que va a empezar!”. Porsche apremia a sus invitados a ir a la segunda parte de la exposición: el mundo del modelismo ferroviario. “Pero atentos, les van a fotografiar”. Y efectivamente, en el momento de entrar en la sala los visitantes son sorprendidos por el flash de una de las figuras del decorado.

Aquí late el corazón del TraumWerk. Un paisaje de 365 metros cuadrados y cinco de altura. Una miniatura del triángulo en que convergen Austria, Suiza y Alemania incluyendo el lago de Constanza. Ciento ochenta trenes, todos de la colección personal de Porsche. Cuarenta de ellos circulan al mismo tiempo sobre nueve trayectos independientes –un total de 2,7 kilómetros de vías–, mientras que los otros reposan en 32 estaciones ocultas bajo la maqueta. Treinta automóviles están en circulación. Los esquiadores de Semmering no descienden la montaña. “Todavía no”, exclama Porsche. En cambio se produce una breve escena a la derecha, junto a la entrada. Una colina al lado del lago. Un Porsche Cayenne blanco llega desde la montaña. Se detiene en el cruce, enciende la luz trasera para voltear, entra en una finca junto al lago, se detiene de nuevo frente al garaje. La puerta se abre, el Porsche entra en él, la puerta se cierra. Aquí el visitante comprende realmente el significado del amor por el detalle.

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