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Irlanda: La calzada del gigante

jueves 02 febrero 2017

Irlanda: La calzada del gigante
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IRLANDA ES FASCINANTE Y MÁGICO, TIERRA DE MITOS Y LEYENDAS QUE SE ESCONDEN ENTRE PRADERAS, CASTILLOS, BOSQUES Y ACANTILADOS. A ESTA ISLA Y A SUS HABITANTES, ES MÁS FÁCIL DIGERIRLOS CON UN WHISKY EN LA MANO.

Texto: Michelle Fridman / Fotos: Archivo

La relación de amor-odio que los irlandeses tienen hacia lo británico aun teniendo en su territorio del norte un brazo del Reino Unido, la división casi imaginaria entre el sur y el norte del país, y una cultura edificada a base de mitos, explica la extraña mezcla de sensaciones que se viven al recorrer las calles de Dublín, que se siente como el hijo rebelde y resentido de Inglaterra.

En la ciudad vale la pena recorrer las calles entre pubs, restaurantes y algunas tiendas, iglesias, museos y decenas de tiendas de souvenirs con duendes, tréboles, ollas de oro y demás personajes mitológicos. En el museo del Leprechaun podrá descubrir buena parte de estas leyendas que definen el carácter local.

Cosas que hacer alrededor de la ciudad hay muchas. A pocos minutos se encuentra el muelle de Howth, un buen lugar para pasear, visitar un castillo y probar comida fresca en las distintas tabernas y restaurantes frente al mar. A dos horas de la capital sureña se encuentran los acantilados de Moher, de una belleza indescriptible y set de numerosas películas.

Si de buscar aventura se trata, la recomendación es viajar hacia el norte, cruzar la invisible frontera entre la Irlanda inglesa y la rebelde, y llegar hasta el Mar del Norte. En el camino se podrán visitar algunos de los miles de castillos que se distribuyen en todo el territorio, algunos cercanos a Dublín son Robswall, Malahide, Swords, Ardgillan, Bremore y Dardistown.

La primera parada es en Bushmills, donde una antigua destilería de whisky dentro de un encantador pueblito turístico, da la bienvenida a cientos de turistas que se preparan para descubrir uno de los enigmas naturales de la isla, el Giant’s Causeway.

Las formaciones rocosas que bordean el mar por una extensión de casi cinco kilómetros son alucinantes, miles de hexágonos conforman el rompecabezas donde azotan las olas mientras uno imagina la leyenda de este gigante, que paseaba por esta calzada. A pocos minutos de este sitio, Patrimonio de la Humanidad, se encuentran las ruinas del castillo de Dunluce, que mira de frente al mar, y a pocos kilómetros más, una formación exótica de árboles reúne a fanáticos de Game of Thrones en el pasaje llamado Dark Hedges.

Vale la pena visitar en la zona, junto al pueblo de Ballintoy, los acantilados y el puente de Carrick a Rede, con unos paisajes fantásticos desde donde, en un día despejado, se asoma la costa de Escocia.

El destino final en la ruta debe ser Belfast, una ciudad fascinante, moderna, más cercana a sus vecinas del Reino Unido. Belfast merece al menos un par de días entre museos, canales, restaurantes, tiendas, galerías y una gran vida nocturna. Vale mucho la pena visitar el nuevo Museo del Titanic que muestra de una forma impresionante la historia de cómo fue construido el gran trasatlántico en 1909 en este puerto, antes de su salida desde Southampton.

Irlanda: La calzada del gigante
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